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Decálogo de prácticas culturales de código abierto

 

8. AFECTOS. Ética de los cuidados. Poner la vida en el centro

 

 

 

Introducción

 

Hace unos meses, alguien formulaba en una conferencia poco concurrida la siguiente frase: “La vida es una cárcel y es la vida el campo de batalla". Dicho de forma descontextualizada resulta aterradora. Y no es ni desde el miedo ni desde el resentimiento desde donde queremos conjugar las tesis que conforman este texto. Pero quizás sí desde el desgarro. Un desgarro como gesto radical que va más allá de la izquierda y la derecha, más allá de la cultura o la economía, que está relacionado con lo que necesitamos recuperar urgentemente porque constituye nuestro problema: "el querer vivir” (López Petit, 2009). Necesitamos espacios/tiempos en los que la vida sea el centro. Necesitamos tomar conciencia de las experiencias de personas que deciden vivir en resistencia como única forma de autogobierno, que es imprescindible en la conformación de comunidades donde los afectos y el cuidado de la vida suponen un recurso sin el cual éstas no existirían.


Tal y como aclaran dos conocidos teóricos, "hablar de amor, alejado de sentimentalismos, es hablar de afectos, de solidaridad, de cooperación y de comunidad. El amor es un proceso de la producción de lo común y de la producción de subjetividad”. El amor contribuye al “incremento de nuestro poder para actuar y pensar” (Negri y Hardt, 2009). Es por ello que resulta inevitable abordar la urgencia de reclamar un espacio para la reproducción de la vida que esté basado en relaciones y estrategias que no invisibilicen.

 

Resulta paradógico observar que mientras algunos trabajos conocidos como “trabajo familiar o asistencial”, aquellos que se preocupan por el cuidado, la manutención o la protección, son relegados a una esfera invisible y desprestigiada, esta misma retórica es absorbida por la lógica del *capitalismo cognitivo en el que el trabajo impone formas de flexibilidad extrema, en un estar siempre disponible y el desarrollo de la marca como una extensión de la personalidad. En “Trabajo Afectivo”, Michael Hardt hace un esfuerzo por contextualizar el trabajo afectivo dentro de estos procesos de inmaterialización de la economía que han acontecido durante los últimos veinticinco años en el marco económico capitalista y que explica esta contradicción.


En este trabajo de puesta en valor de los afectos como parte de los procesos productivos, surge el término *cuidadanía, unaforma de reivindicar ser sujetos en una sociedad que ponga la sostenibilidad de la vida en el centro. Una sociedad que se organice en torno a las necesidades de las personas. Una sociedad que ponga el cuidado de todas las vidas posibles, sin excluir ninguna, en el centro. Una sociedad que reconozca que los derechos de unas no pueden hacerse en base a la negación de derechos de otros. Reconociendo la pluralidad, la diversidad, y la imposibilidad de encorsetar la vida, de reducirla a normas. Y, desde ahí, destronar a los mercados, transformar las organizaciones sociales, instaurar las necesidades y cuidados a las personas como nuevo eje colectivo.


Pensemos el trabajo de cuidados como un
nodo, aquello que une de un modo relacional lo público y lo privado, lo político y lo ético, lo objetivo y lo subjetivo y por tanto, un elemento indispensable que nos mantiene en el mundo.


Nuestra intención en este capítulo es la de proponer una serie de estrategias que además de reforzar los lazos de las integrantes de una comunidad, son en sí mismos procesos que facilitan y posibilitan una mejora de las capacidades productivas. Es por esto que afirmamos: no queremos ganar, queremos vivir.

 

 

La vida en el centro

 

La ética del cuidado supone re-negociar unas condiciones de vida (de habitabilidad) en las que la sostenibilidad y las necesidades de las personas se situen en el centro de la organización social. Reivindica una idea de ciudadanía incluyente y corresponsable en la gestión que aquello que nos afecta a todas, empezando por nuestras condiciones de existencia: cómo vivimos, cómo nos relacionamos, cómo construimos vínculos beneficiosos para la colectividad y para las subjetividades que las integran.


Desde un punto de vista práctico, la ética del cuidado significa preguntarse cuáles son los elementos que aportan valor a la comunidad. Es una mirada nueva sobre la organización de los factores productivos.

 

Describir cuales son esos valores a la comunidad: confianza, vulnerabilidad, experimentación. Reconocer la vulnerabilidad no es reconocer un mal, sino la potencia que hay ahí: la potencia de sentirnos afectadxs por lo que les ocurre al resto, y la potencia de reconocer que la vida es siempre vida en común, en interdependencia; en ecodependencia, porque la vida humana no es superior ni está al margen del resto del planeta, dependemos de los recursos naturales y energéticos que nos sustentan.

 

 

 

Cambio de modelo (re)productivo

 

La economía feminista pone en valor tanto lo productivo como lo reproductivo, dos aspectos de la vida que en la economía productiva corresponde con la dimensión pública de la sociedad: la fábrica que produce bienes y entrega dinero a cambio de trabajo y el hogar que devuelve el dinero al circuito económico en forma de consumo. Cuando se habla de economía se habla sólo de esta parte: es la economía visible. La economía reproductiva es lo que no se ve y no se cuantifica, y que mayormente tiene lugar en el ámbito privado de la sociedad: la familia, el hogar o la persona. Aquí tienen lugar los trabajos de cuidados como los afectos, la salud, el bienestar físico y emocional, la comunicación interpersonal, la vida comunitaria o el desarrollo de valores culturales, entre otros. Es la parte invisible, o invisiblizada, de la economía. La economía feminista nos dice algo que es evidente: los trabajos de cuidado son trabajo y producen valor, y sin ellos el conjunto de la economía se vendría abajo. Ambas dimensiones son co-dependientes y se retroalimentan.

 

afectos

 

 

La retórica actual sobre el cambio de modelo productivo señala que la creación de riqueza proviene cada vez más de la esfera de lo intangible que, por lo general, se identifica con las tecnologías de información o con los flujos financieros. Pero lo intangible incluye también a la comunicabilidad, la atención, la creatividad, la escucha, la intuición, el aprendizaje espontáneo, la colaboración informal, la afectividad... Este conjunto de saberes, actitudes y tareas, que desde la teoría económica clásica se consideran reproductivos pero no estrictamente productivos, son la base de la economía de los cuidados.

 

Con la mutación del modelo productivo hacia la intangibilidad, la economía de los cuidados se ha trasladado al centro de la actividad, convirtiéndose en un factor productivo de primer orden. Esto se manifiesta por un lado en la aparición de nuevas industrias relacionadas con la explotación de la atención, la comunicación, el ocio o el entretenimiento; y por otro con la emergencia de una nueva forma de ecología social presidida por el ámbito de los afectivo y lo relacional, que deja de ser un elemento accesorio o simplemento reproductivo y se convierte en un activo: un recurso, una herramienta de trabajo, una forma de capital.

 

La economía afectiva y de cuidados fortalece los lazos internos, la confianza, las redes de complicidad. Contribuye a la *sororidad y al apoyo mutuo. Empodera a las personas que integran una comunidad, aporta cohesión y vela por el proyecto común. Por lo tanto, situar los afectos en el centro como elemento fundamental del modelo productivo y relacional de un grupo es indispensable para la sostenibilidad de la comunidad y para su operatividad. Es un factor de producción de inteligencia colectiva.

 

La sororidades un término acuñado a partir de la palabra inglesa sisterhood que hace referencia a una “hermandad entre mujeres” y que en castellano no tiene traducción. Se trata de una palabra que intenta recoger la amplitud de relaciones que establecen las mujeres, no en vano, la sororidad es un concepto político que surge en Reino Unido y que nos sirve, en este caso, para establecer ciertas analogías entre la constituicón de comunidades de mujeres donde los recursos afectivos generan la producción de un conocimiento colectivo, en muchas ocasiones enfocados al trabajo cultural, y las prácticas culturales sobre las que estamos tratando de incidir en este libro. Es más, la sororidad adquiere mayor fuerza cuando actúa sobre la dimensión creadora, en tanto que funciona como una herramienta de transformación social. Incluye como objetivo trastocar la vida en un sentido amplio al cambiar las dinámicas hegemónicas y de orden *heteropatriarcal de la sociedad: se propicia la confianza, el reconocimiento recíproco de la autoridad y el apoyo mutuo.

 

En esta línea se encuadran iniciativas como Precarias a la deriva1cuyo trabajo ha consistido en cartografiar la precariedad femenina para identificar vías de acción política, para lo cual no han dudado en intervenir en el espacio público con distintas acciones. Con sus intervenciones intentan visibilizar la situación de máxima precariedad a la que las mujeres nos enfrentamos en el ámbito laboral: más vulnerables, menos derechos y menor remuneración. Pero en el Estado español conocemos experiencias similares de creación colectiva y de unión asociativa que ponen en escena obras culturales y promueven sistemas de trabajo entre iguales.

 

La relación de estas prácticas con la autogestión y los centros sociales es, en ocasiones, muy estrecha. Es el caso de los Ladyfest, festivales que se organizan bajo una ética que ha pasado del DIY (hazlo tú misma) al DIWO (hazlo con otras). El caso de Ladyfest, representa, además, un ejemplo de organización descentralizada y autónoma, generando nodos replicables que no dependen de ninguna estructura central. Este movimiento surge como respuesta a los circuitos de música hardcore estadounidenses de finales de los 80, espacios hipermasculinizados y machistas, que propiciará la aparición de las Riot grrrl, movimiento musical feminista cercano al punk y a todo su arco de influencia. Entre sus manifestaciones más populares están los Ladyfests que se han desarrollado en ciudades tan dispares como Olympia, Madrid, Sevilla, Berlín, Londres y un largo etcétera. El festival no tiene porque ser grande, ni pequeño, ni estrictamente musical: Ladyfest se construye a partir del colectivo que lo sustenta y le da forma, a nivel local e independiente de otros Ladyfests2.

 

Aplicado al ámbito de creación cultural, estas prácticas nos ofrece resultados más que satisfactorios desde el punto de vista creativo pero también político y cultural para hacer frente a los discursos hegemónicos.

 

 

Relación con las prácticas culturales

 

Lo que vamos a proponer a continuación no es una ley, sino una sensibilidad. No es por tanto algo normativo o estandarizable. Sin embargo, tenemos la certeza que detectar tanto las presencias como las ausencias de una economía afectiva en las prácticas culturales que aquí estamos tratando, nos ayudará a conformar una piel, un clima de trazo fino, de detalles, que nos permitan en última instancia tomar la compleja y determinante decisión de cómo querer vivir.

 

Decidir que la vida es lo más importante de nuestras existencias requiere de nuevos dispositivos para fomentar las prácticas creativas, que son sobre todo de orden relacional. No es sólo una diferencia respecto al qué: es una diferencia respecto al cómo.El ecosistema cultural debe entender que si quiere ser más sostenibles y productivo debe prestar atención a la vida. Esto pasa por:

 

  • Romper con las lógicas de la meritocracia, gestión en donde las posiciones jerárquicas son conquistadas en base al mérito y hay una predominancia de valores asociados a la capacidad individual y al espíritu competitivo. Dinámicas orientadas al logro, crecentistas y veloces

     

  • Abrir espacios para perderse, que no sepamos nombrar, lejos del utilitarismo. Lugares que generen la creatividad y el encuentro.

     

  • Hacer visibles procesos naturalizados que se encargan de la reproducción de la vida y las relaciones sociales y que son fundamentales para la vida en común.

 

  • Frente a la cultura megalómana, plantear acciones micro, que favorezcan un tejido cultural con base en lo local.

 

  • Situar los cuidados en el centro como una parte esencial en las dinámicas de producción cultural que escapan a las lógicas reguladoras y los mecanismos de evaluación clásicos.

 

 

 

Mediación Afectiva

 

La práctica de las mediaciones culturales, y el reclamo de su legitimación como práctica para la sostenibilidad de un proyecto, apela a la importancia de gestionar y sostener los encuentros afectivos para mantener las tensiones en una comunidad de agentes.


La mediación sería el campo en el que la centralidad de los cuidados se hace patente en las prácticas culturales. En los procesos de mediación, los afectos son una herramienta de trabajo fundamental, para afectar y ser afectada por procesos, discursos, agentes. Se trabaja con protocolos de puesta en valor y visibilización de los afectos que incide en la capacidad de aprendizaje, interacción y apropiación crítica.

 

Si se entiende que las mediaciones son los dispositivos de aprendizaje de un proyecto cultural, debe añadirse que en tal aprendizaje no deben faltar protocolos de cuidado que faciliten la gestión de los encuentros entre agentes, a un nivel también emocional.


Por otro lado, la mediación en un proyecto puede entenderse como una suerte de órgano cuya metodología de trabajo ayuda tanto a la penetración en otros proyectos del ecosistema, como a la lubricación para facilitar el acceso de propuestas y la participación en el proyecto cultural mediado.


Entendemos que estos protocolos atienden a distintos gradientes de aplicación que pueden abarcar desde gestos sutiles hasta dinámicas explícitas de comportamiento, desde empezar las reuniones de grupo por un “cómo está al grupo” y no sólo “en qué está el grupo”, desde el uso de un lenguaje inclusivo y no sexista a la circulación del know how entre las distintas personas (integración de recién llegadas a un proyecto, transmisión de los valores del equipo, etc.).


En este sentido, resulta inspirador analizar el sentido etimológico de la palabra común, «co» (como vínculo, juntura) y «munus» (como deuda, deber o don obligatorio, algo que debes devolver). No es de extrañar que la economía de mercado esté basada en lo “inmune”: no le debemos nada a nadie y es, el propio sistema, el que nos protege de los otros (Esposito, 2009). La gracia está en infectar al inmune con el virus de lo común, como se infectan las cosas en una plaza de abastos, alejada de la asepsia del supermercado. Pensamos, entonces, la mediciación como el vehículo orgánico a través del cual circula ese don e infectamos al inmune. (Esposito, 2009)

 

 

 

Del cuerpo y otras escuchas

 

En opinión de Irit Rogoff, existe una diferencia entre el pensamiento crítico -la capacidad para analizar un problema desde la caja de herramientas intelectual que aprendemos a usar en la escuela- y lo que ella denomina la criticalidad. Mientras que el pensamiento crítico proporciona a los sujetos una serie de signos y mensajes con los que interpretar la realidad e incidir sobre ella, la criticalidad pone a los sujetos en el centro del problema, invitándolos, no a reflexionar sobre él, sino a habitarlo.

"La razón sin emoción es impotente" (J. Lehrer, 2010: 26). La emoción, en cambio, moviliza por sí misma, para bien o para mal.

 

Es de señalar aquí el trabajo de mediación que realizan algunos agentes cuyo trabajo con el cuerpo proporciona otras escuchas, no sólo las intelectuales. Es el caso de Spiral Teatro, su labor de mediación con empresas o colectivos del ámbito cultural se centra en la aplicación de técnicas de drama, es decir, herramientas pedagógicas que utiliza los juegos y las técnicas de los ensayos teatrales creando dinámicas colaborativas y activas con el fin de organizar, evaluar, participar y crear.


De esta puesta en conexión de los cuerpos a través del juego habla Antonio Strati, que alerta sobre la falta de atención que se presta a los mismos en los procesos de adquisición de conocimiento. Lo llama bodily knowing: “los investigadores siguen cometiendo el error de ignorar el cuerpo de las personas implicadas en los procesos de toma de decisiones, tomando en consideración sólo sus mentes. Habitualmente, en la literatura sobre aprendizaje organizacional, el conocimiento se reduce a lo que ocurre en y es retenido por la mente. Pero el aprendizaje organizacional tiene lugar a través de los individuos que participan en experiencias y esos individuos tienen cuerpos: un hecho innegable pero que se pasa por alto”.

 

La cultura occidental ha sido tradicionalmente dicotómica, hemos aprendido a pensar y a actuar mediante contrastes: ciencia y cultura, emoción y razón, hombre y mujer, palabra e imagen, cuerpo y mente. Joan Ferres habla de que los conflictos humanos sólo pueden resolverse mediante la conciliación de contrarios: “La eficacia en los asuntos humanos está condicionada por la capacidad de interaccionar los polos en conflicto.” (J. Ferres). Para esto es imprescinble ofrecer un entorno de aprendizaje que supere los contrarios. Así mismo, estimular procesos cognitivos no basados en la racionalidad y que no se centren en el análisis de las opiniones de los sujetos y sí en lo que sienten. Una educación en definitiva, al servicio de una adecuada gestión del capital emocional de las personas.

 

Algo similar expresaba José Val del Omar, poeta de la imagen e inventor y un caso excepcional en la historia del cine español, en su lectura “Sentimiento de la pedagogía kinestésica”, leída ante maestros de la Institución Libre de Enseñanza en el año 1934 y en la que expresaba estas preguntas: “¿Es posible educar el instinto? ¿Se puede uno comunicar con el ser humano por un conducto que escape a la revisión de nuestra conciencia?”. Más adelante, el cineasta dirá que “no es la palabra la que expresa y comunica, es la respiración, su humanidad espontánea, su ritmo, intensidad, pausas, acelerados pálpitos, interrupciones, suspiros, reacciones viscerales”.

 

 

 

Problematicas / Contradicciones

 

Apropiación del discurso por parte de la *cultura coorporativa (tipo Apple, millones de ejemplos), Relaciones basadas en la empatía – la resolución del conflicto laboral se asume desde la puesta en el lugar del otro. Falacia/Ficción.

Proliferación de la literatura de “autoayuda” (La mercantilización de la vida íntima lo explica muy bien).

 

"Transferencia afectiva" de los países pobres a los ricos, forma de imperialismo genera desigualdades emocionales ya que las mujeres que sostienen nuestras vidas en los paises ricos acaban proyectando su amor hacia otras personas mientras dejan a sus hijos/familias/etc en sus países de origen. La institución familiar como base del capitalismo y habla de que ya no sólo se saquean los recursos materiales, sino también los emocionales, en definitiva. Los afectos pueden ser depredados (Amor y Oro, Arlie Russell)

 

Referencia al proceso creativo del booksprint y la puesta en cuestión por parte del grupo: quizás el tema “afectivo” o de sostenimiento de nuestra vida aquí, la figura de David como encargado de las comidas ¿Afecta a nuestra producitividad? Surgen distintos posicionamientos por parte del grupo. Los afectos a veces no se orientan a la productividad material pero sí a una subjetividad como cuerpo colectivo....

 

 

[seguir desarrollando]

 

*Nota: Este capítulo fue cerrado sin que se pudieran terminar durante el booksprint algunos de sus apartados. Hemos decidido dejarlo tal como se quedó para que se puedan apreciar las líneas que iban a desarrollarse y porque, además, lo inacabado del texto no entorpece la comprensión en su lectura. También queremos recordar que éste decálogo invita a la continuación, revisión y/o modificación se sus contenidos.

 

 

 

Coliflor gratinado
 
3 Coliflores
Leche de soja
Harina de trigo
Sal
Pimienta negra
Mantequilla
Queso parmesano
aceite de oliva
 
Hervir el coliflor a fuego medio durante 20 mins - cuidado que no se deshaga el coliflor. Tambien se puede hacer al vapor. Colar con mucho cuidado - para no chafarla. Colocar en una bandeja de horno untada anteriormente con un poco de aceite.
 
Para hacer la bechamel fundir una nuez de mantequilla a fuego lento en una sarten y cuando este fundidad agregar 6 cucharas soperas de harina y dejar tostar 5 minutos, removiendo todo el tiempo hasta que forma una pasta homogenea. Entonces añadir leche de soja poco a poco y remover con mucho cariño a fuego lento hasta conseguir el bechamel. Si se queda demasiado espeso puedes añadir mas leche de soja.
 
Una vez hecha la bechamel, echar sobre el coliflor, añadir el queso rayado encima y introducir en el horno en modo gratinador. Cocinar hasta que coge un tono dorado.
 
(Para los carnivoros se puede echar jamon frito entre el coliflor y la bechamel. Para los vegetarianos, ajo laminado frito)

 

2http://www.myspace.com/ladyfestspain2

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