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Decálogo de prácticas culturales de código abierto




Hoja de ruta: Sigue las baldosas amarillas y entenderás de qué va todo esto...



¿QUÉ ES ESTE PROYECTO?

 

La idea de encerrar a 15 personas en una casa durante 5 días para que escriban un libro... suena como el comienzo de algunas de las geniales y absurdas historias de Miguel Noguera. Sin embargo, cuando se lanza la propuesta a nosotras nos pareció una aventura interesante, un experimento de escritura colectiva que merecía ser llevado a la práctica y la irresistible oportunidad de vivir una especie de gran hermano, con libros. Ahora que el 'sprint' ha terminado, que apagamos las pantallas y volvemos a casa, nos damos cuenta de que, sin duda, ha sido una buena idea.

 

Ha sido una buena idea porque lo que nos movió a hacer este proyecto eran varias necesidades compartidas. Por un lado la necesidad de generar espacios de reflexión en los que desarrollar teoría de manera colectiva, en tiempo real y de cuerpo presente: un espacio para el encuentro temporal en el que poder organizarnos un poco las ideas. Y aunque desde el principio fuimos bastante escépticas con la idea de lo “sprint”, de la velocidad como mala consejera e incómoda compañera, a su vez éramos conscientes de que coordinar nuestras agendas para que fuese posible reunirnos físicamente en un mismo lugar sólo podría durar unos pocos días, imposiciones de la vida precaria.

 

Así pues, decidimos experimentar con la metodología “booksprint” y ver si salía algo interesante de nuestras teclas. Esta metodología básicamente propone reunir a un grupo de unas 8 o 9 personas durante 5 o 6 días con el objetivo de escribir un “libro” o manual de manera colectiva sobre un tema en concreto. En el anexo de “metodologías” explicamos mejor en qué consiste y cómo la desarrollamos; pero sería necesario decir de antemano que rompimos bastante las reglas. Fuimos más personas de lo que se aconseja y el tema no era algo precisamente concreto. Pero quizá por habernos salido del marco (y de la prudencia), el resultado pueda ser interesante: una reflexión y una propuesta, esperamos que valiosa para las lectoras.

 

La principal dificultad que se nos presentaba era que teníamos que escribir un decálogo, con todo lo que ello supone. No se trataba por tanto de un tema sino de diez, sobre los que escribir y sobre los que llegar a un mínimo de afinidad y visiones en común. También, desde el principio vimos que la palabra "decálogo" le daba excesiva solemnidad al asunto, cuando para nosotras en realidad era más un proceso de investigación y no la tarea de redactar un texto prescriptivo. Se podría haber elegido otro plan, a otras personas y otro enfoque; pero fuimos las que fuimos y la propuesta del decálogo fue lo suficientemente atractiva para que nos pusiéramos en marcha. Seguramente nos movió porque tocaba otra de las necesidades comunes que comentábamos al principio: legitimar ciertas prácticas e intentar hacer(nos)las más comprensibles. Denominarlas “prácticas culturales de código abierto” fue ya desde el principio parte de la reflexión y del debate. Y aunque esperamos que en nuestra polifonía hayan quedado reflejados los muchos matices, “peros” y “porqués” que modulan todo este lío, sí que nos ha servido este título como punto de partida para defender y pensar los conceptos que aquí hemos desarrollado.



¿PARA QUÉ LO HEMOS HECHO?



Lo que ante todo nos ha llevado a escribir este libro es el deseo de producir y compartir conocimiento. Queríamos experimentar con otros modos de trabajo colaborativo; disfrutar y aprender de un proceso de escritura colectiva que no sabíamos hasta dónde nos iba a llevar. Es decir, escribir suele ser una actividad solitaria, siendo éste uno de los retos que planteaba el proyecto: ver hasta dónde el proceso de escritura puede ser compartido.

 

También, con esta propuesta queríamos contribuir a generar contenidos teóricos y ofrecer un posicionamiento crítico de una manera situada. La Academia no siempre puede realizar un acercamiento hacia las prácticas culturales basándose en la experiencia y, por otro lado, las productoras, creadoras o gestoras culturales generalmente les cuesta encontrar el tiempo necesario para ponerse a escribir; por tanto, buscar el momento con un objetivo concreto que nos afecta para hacerlo se hacía necesario.

 

Hemos puesto especial énfasis en hacer un texto fácil y accesible porque es muy importante que este decálogo funcione como herramienta para la mediación. Nos gustaría que estas prácticas que aquí describimos puedan ser visibilizadas y comprendidas por un número mayor de personas, salir de cierta endogamia que las vienen caracterizando. Es por ello que hemos incluido un extenso glosario y hemos integrado durante el proceso de escritura la lectura de una persona (observadora) que nos fuera indicando las partes que requerían ser mejor explicadas.

 

Este documento busca además una mejora en las relaciones de trabajo entre las diferentes agentes que operan en el ámbito cultural, es decir, hacemos este esfuerzo para contribuir al diálogo y facilitar así los procesos en colaboración. Vemos que es necesaria la mejora de las condiciones de trabajo en el contexto cultural y que muchas veces estas condiciones no son las más adecuadas porque no tienen en cuenta las características de los proyectos que aquí nos referimos. Es por ello que queremos incidir en el hecho de que en este texto no nos estamos dirigiendo exclusivamente a las agentes más próximas sino a todas aquellas con quienes compartimos un mismo ecosistema cultural, ya sean instituciones, empresas, colectivos, asociaciones, etc.

 

Por último, es una invitación abierta a continuar este proceso de reflexión abierta y colaborativa, bien a través de revisiones, modificaciones o adaptaciones del propio texto a contextos locales, así como a través del impulso de nuevos procesos que este proyecto pudiera generar

 

Tabakalera, impulsora de este proyecto, quiere proponer una adaptación del texto al euskera que vaya más allá de una "traducción literal" a través de un proceso de escritura colaborativa que posibilite la discusión, el debate, el replanteamiento de los contenidos y la búsqueda de casos de estudio y ejemplos del contexto específico en el que se sitúa.

 

 

¿POR QUÉ LO HEMOS HECHO?

 

Hace ya tiempo que se habla de un cambio de paradigma cultural vinculado con la revolución en las tecnologías de la información y la comunicación. Tras el uso masivo de Internet, pero sobre todo a partir de la explosión de la web social, se ha visto acelerado un proceso de transformación en las prácticas sociales y culturales de los últimos años. Estos cambios son visibles en diferentes ámbitos: en la gestión de proyectos, los métodos de creación, los modos de producción, las pautas de investigación, los modelos educativos o los procesos de comunicación.

 

El concepto de “público”, como receptores de la cultura, ha dejado de tener sentido en la sociedad de la información, siendo su rol ahora mucho más activo, y constituyendo éste uno de los factores de cambio más significativos para la cultura. Ahora el espectador es usuario o co-creador. Los espacios de producción, difusión y distribución también empiezan a ser otros y comienza a configurarse una red de “laboratorios” y espacios experimentales que se presenta como alternativa y complemento en los circuitos culturales tradicionales.

 

Podemos hablar de estos cambios en el marco de la cultura digital porque todas formamos parte de este contexto aunque no actuemos en él de manera directa. Lo digital está presente en nuestras vidas y redefine nuestro tiempo, más allá de las herramientas que utilicemos cada día. Entre todas la estamos construyendo aunque nunca toquemos un ordenador. Es por ello que hablar de una nueva manera de hacer las cosas, de un cambio de paradigma, está conectado con lo digital y la cultura que lleva asociada, marcándose así un nuevo eje de coordenadas.

 

Ante la fascinación y la prisa, se hace necesario detenernos y poner algunas cosas por escrito. Definir algunos principios básicos que nos ayuden a entendernos y a lubricar la maquinaria anquilosada que se resiste a esta transformación. El ámbito cultural en el que nos movemos se ha ampliado y diversificado mucho en sus líneas de actuación: los perfiles profesionales cada vez son más híbridos, las formas y los contenidos se han complejizado, la confluencia de disciplinas establece un contexto que desborda incluso lo que hasta ahora hemos entendido por “ámbito cultural”. Por todo ello es necesario hacer visibles y estudiar un nuevo marco de actuación.

 

Nos planteamos la elaboración de este decálogo como una propuesta que perseguía una triple dimensión operativa: que pueda servir como herramienta de mediación accesible para cualquier persona interesada, como herramienta de diálogo entre las diferentes agentes culturales y para mejorar las relaciones y condiciones de trabajo. Nos gustaría que este documento ayude también a las instituciones a comprender e imaginar otros modos de colaboración y puesta en marcha de proyectos de una manera fluida y en consonancia con las prácticas y principios que aquí hacemos referencia.

 

Necesitamos que se produzca un “reboot” para actualizar el funcionamiento de las prácticas culturales y los condicionantes que las determinan. Si queremos que se resuelvan conflictos y desajustes propios de los procesos de cambio, consideramos necesario atender a problemáticas que continuamente se dejan a un lado. En esta línea entrarían: las transformaciones en torno al concepto de autoría y las consecuentes luchas del copyright, las demandas de la sociedad por una mejora en el acceso a la información y una transparencia en la gestión de lo público, la necesidad de aumentar la capacidad de participación en las políticas culturales, el cuestionamiento de los sistemas educativos, las problemáticas en torno la privatización del espacio público (físicos/digitales), la guerra por el control de la información, de nosotras mismas y de nuestros cuerpos... Estos y otros sería algunos de los puntos de partida para este intento por generar una reflexión y una aportación teórica en forma de manual de uso.





¿PARA QUIÉN ES ESTE PROYECTO?

 

Este proyecto está dirigido a todas aquellas personas que tengan interés en reflexionar o conocer más acerca de una manera de entender las prácticas artísticas y culturales que hemos llamado aquí de "código abierto". Como hemos indicado anteriormente, entendemos este textocomo una herramienta para la mediación, y nuestro deseo es que su acceso, modificacion y reutilización pueda ser amplia y diversa.

 

Sí que es cierto que por abordar temas concretos relacionados con el ámbito cultural entendemos que es probable que sea más del interés de personas que se mueven en este contexto, pero no hemos pensado en ellas exclusivamente. Ni tampoco va dirigido a las personas que comparten las mismas ideas que nosotras. Nuestro intento pretende ir más allá de ir dirigido a las "peers", nuestras pares o iguales, nuestro círculo de afinidad, nos gustaría que fuese recibido por todas aquellas agentes y trabajadoras culturales, ya sea que nunca antes se hayan acercado a este tipo de metodologías y prácticas culturales, o incluso que se consideren abiertamente contrarias hacia algunas de las ideas que aquí se exponen.





¿QUIÉNES INICIAMOS ESTE PROYECTO?


La definición del grupo que iba a participar de este proceso de escritura compartida se basa tanto en elementos objetivos como subjetivos. Por un lado, queríamos reunir a un grupo lo suficientemente variado de personas como para poder responder a las preguntas que aquí se ponían sobre la mesa; intentando que entre todas se pudiera hacer frente a la gran diversidad de temas propuestos según sus respectivas formaciones y experiencia. Necesitábamos además que fuesen personas que desarrollaran su trabajo tanto en la práctica (gestión, producción, mediación, comunicación, etc) como desde la experiencia en investigación y escritura, preferentemente llevada a cabo desde la autonomía de sus propios espacios (webs, blogs, redes sociales).

 

Pero, como en cualquier otro proyecto, las relaciones de amistad, los afectos, también han tenido su peso a la hora de decidir. La intensidad de la convivencia era uno de los factores que definirían el proceso de trabajo, por lo que el haber trabajado juntas algunas de nosotras con anterioridad era un hecho a tener en cuenta para el buen funcionamiento del grupo. A riesgo de caer en cierta endogamia, necesitábamos un grupo cohesionado que partiese de deseos y posicionamientos comunes para llevar a cabo la tarea de escribir este decálogo. Sin la admiración mutua, el respeto o las complicidades, difícilmente hubiéramos podido entendernos y escribir este texto colaborativo en tan poco tiempo del que todas nos pudiéramos sentir satisfechas.


Esto con respecto a las "booksprinters", las que íbamos a escribir. A su vez, el equipo estaba fomrado por cuatro personas más encargadas de las labores de producción y reproducción de este proyecto. Algo que sin duda ha hecho posible que se realizara esta experiencia de la mejor manera posible. Dos personas encargadas de la producción, nuestras anfitrionas y soportadoras económicamente del proyecto, que fueron mucho más allá de eso involucrándose en todo el proceso de escritura. Una observadora, que adquirió un rol fundamental en la elaboración de los textos para mejorar la comprensión de los mismos. Y un cocinero, que no sólo nos alimentó y deleitó con sus platos, sino que además se implicó directamente en el libro elaborando las recetas de cocina que han sido incluídas al final de cada capítulo. Tan buena ha sido la compenetración del equipo que realmente no es necesario marcar una diferenciación dentro del grupo por el hecho de que llevaran a cabo una tarea u otra.


Porque también dentro del grupo se perfilaron diferentes roles en función de la personalidad de cada una, de los intereses y de sus capacidades. Algunos, sí que se había especificados previamente. Como por ejemplo el papel de facilitadora en el desarrollo de los contenidos llevado a cabo por la persona que puso en marcha la propuesta y que por tanto asumía la coordinación y desarrollo del porceso. También muy destacada fue la dinamización de las metodologías, sin las cuales no hubiera sido posible colectivizar tanto la toma de decisiones y la compenetración del grupo a través de las distintas metodologías. Es de destacar este rol porque no está contemplado dentro de la metodología "booksprint" por lo que su labor supone una variación que, atendiendo a los resultados que se explican mejor en el anexo, han enriquecido mucho el formato. También hubo diferentes personas que se implicaron en las labores de documentación junto con el equipo de producción: preparando cápsulas de audio con las que fuimos comunicando a través de las redes sociales el estado del proceso de escritura, o también haciendo fotografías creando un archivo común.

 

Y por último en este apartado de "quienes iniciamos este proyecto" es imprescindible hablar de todas aquellas personas que participaron en nuestra convocatoria "Call4keywords". En ella pedimos a través de nuestra web, de manera directa de persona a persona y por una llamada en las distintas redes sociales que nos propusieran una palabra clave que considerasen no podía faltar en este libro. Las aportaciones nos desbordaron por completo, siendo muy alentador el ver que realmente nos íbamos a poner a escribir sobre algo que suscitaba bastante interés. El proceso de reflexión se puso en marcha así unas semanas antes y en la casa se partió de estas aportaciones, tal y como explicaremos más adelante. Por tanto, estas personas, o esta inteligencia colectiva, se ha convertido en parte de este "quienes" hacemos este proyecto. Tan valoramos esta aportación que decidimos dedicar un capítulo a estas "palabras clave", en el que se recogen todas las propuestas, abriendo así el círculo del decálogo (incompleto) y destacando esta parte del proceso de reflexión colectiva y en abierto.  




Booksprinters

Maria Ptqk @ptqk, Marga Padilla @cien_margaritas, Txelu Balboa @volantebb, Sofía Coca @preescolar, Jose Luis de Vicente @jldevicente, Jaron Rowan @sirjaron, Marta G. Franco @teclista, Jara Rocha @jararocha, Kamen Nedev @kamen, Pedro Soler @pedrosoler, Susana Serrano @_russiandolls,  Maite Fernández @cacharritox, Josean Llorente @josianito, Eva Calavia y David Orriols.

 


CÓMO HEMOS HECHO ESTE PROYECTO

 

Lo primero que tendríamos que destacar del "cómo hemos hecho este proyecto" es el carácter recursivo de la propuesta. Es decir, en el proceso experimentamos con lo que es nuestro objeto de estudio, incluyendo en la proposición la solución o respuesta posible. La manera en que hemos gestionado el proyecto puede servir de ejemplo de práctica de código abierto, por ser: copiable, distribuible, abierta, modificable y replicable. El haber documentado todo el proceso dando acceso a toda la información es prueba de ello. También, el plantear este texto como una plataforma de reflexión y de debate en el que se puede a seguir trabajando. Lo hacemos público como una invitación a que pueda ser revisado y modificado por otras personas, tal vez ampliado y continuado, en la misma línea o en paralelo.

 

También es interesante ver cómo ha sido una propuesta colaborativa que pasa por diferentes manos: desde Sevilla, pasando por Madrid y Asturias, hasta llegar a Donosti. La idea se mueve por la red, siendo en este proceso que se van incorporando las personas que finalmente lo hemos llevado a cabo. En este recorrido también destaca su difusión en la Call4keywords que diversifica y expande la iniciativa hasta el punto de haberse dado un verdadero proceso de 'brainstorming' colectivo -y salvaje. A veces llegó a ser algo ruidoso, pero un ruido muy interesante para detectar algunas intensidades, conexiones, interrogantes y deseos. Afortunadamente Tabakalera-San Sebastián quien finalmente recoge la iniciativa y la dota de un presupuesto para que se realizara. Es también conveniente resaltar que el presupuesto ha sido gestionado de manera transparente y participativa,  teniendo en cuenta la opinión de las integrantes del proyecto a la hora de tomar decisiones.

 

 

¿Cómo llegamos a estas ideas?

 

Tal como decíamos al principio, escribir un decálogo en 5 días entre 15 personas no era tarea fácil. Meses antes de la fecha de comienzo estuvimos conversando, a través de la lista de correo, sobre algunos de los puntos a tratar en este proyecto. Algunas de nosotras redactamos una propuesta previa a modo de borrador para así mostrar al grupo un enfoque personal sobre el que empezar a trabajar. No sólo salieron a debate algunos de los principios que trataríamos, sino también el propio formato, el título o los objetivos que se perseguían con la redacción de este texto. Conceptos como: software libre, cultura libre, código abierto y procomún, eran la base, y a veces los puntos de fricción, desde los que se partía a la hora de pensar una propuesta común.

En la primera sesión de trabajo nos encontramos y entramos en situación. Es decir, nos (re)conocimos unas a otras y pusimos sobre la mesa algunas de nuestras necesidades, deseos o preocupaciones que giraban en torno a lo que habíamos denominado “prácticas culturales de código abierto”. También se organizaron las tareas y los tiempos, de manera que no nos detuviéramos demasiado en alguna de las fases y que no llegáramos a tiempo para el cierre de los diferentes capítulos. La velocidad era determinante, también la incertidumbre de cómo llegaríamos a ponernos de acuerdo en esas ideas que nos proponíamos desarrollar.

 

Sin duda la eficiente planificación de las metodologías facilitaron el trabajo. No se trataba de llegar, repartirse la tarea (las partes del texto) y ponerse a escribir. Sino de un proceso mucho más complejo y delicado. Decidimos colectivamente cada aspecto del libro y conseguimos definir los principios, teniendo en cuenta lo que para cada una de nosotras significaban, por qué eran importantes éstos y no otros, y cómo aparecerían en el libro. Conversamos continuamente unas con otras sobre el proceso a diferentes ritmos, siendo esto a veces realmente bonito de ver: cómo, en la tranquilidad de una casa rural, el grupo realizaba un libro colectivamente: unas personas escribían en soledad en sus pequeños espacios creados, otras se ayudaban mutuamente en algún punto, otra pedía una referencia a quien sabía que podía dársela, otras pedían sugerencias a través de la redes sociales, otra salía a pasear...

Algo en lo que estuvimos muy de acuerdo era en que era importante partir de las palabras clave recibidas en nuestra llamada a la participación de los días previos (Call4keywords). Sin duda una locura, que nos llevó quizá más tiempo de lo deseado, pero era necesario que el de texto partiera de ahí. Esta avalancha de ideas fueron recopiladas, pasadas a posits y organizadas en constelaciones entre todas. En el proceso íbamos identificando qué palabras se repetían con más frecuencia, cuáles ofrecían mayores conexiones y resonancias o cuáles necesitaban ser mejor definidas. Una vez agrupadas, hubo un momento de gran bloqueo a la hora de llegar a un acuerdo en cuales iban a ser elegidas. Fue un momento de análisis y reflexión conjunta que llegó incluso a tener una componente muy física, casi de coreografía. En la gestualidad de nuestros cuerpos, en los movimientos y las posiciones dentro del grupo, se mostraban nuestras dudas, los desacuerdos, las afinidades... un correlato visual digno de haber sido grabado en vídeo. Sólo en el momento en que alguien pasó a la acción y reunió una posible propuesta el bloqueo se deshizo y las ideas tomaron su lugar. Es interesante destacar esta característica del proceso de trabajo porque hace visible e incide, de otra manera, en que “la teoría también es un práctica”.

 

Los principios o ideas que seleccionamos fueron nueve, para así dedicar un capítulo a recoger todas las propuestas y dejar abierto el decálogo. Las palabras fueron: p2p, comunidad, participación, afectos, mediaciones, transparencia, -re, ensayo/error y sostenibilidad. Así aparecían entre las constelaciones y así las fueron designados los capítulos, aunque irían finalmente acompañados de un subtítulo más explicativo. Pensamos que para pasar al proceso de redacción tendríamos que establecer una coordinadora por cada capítulos, para que diera comienzo al proceso de redacción y se encargaran de que fuera bien su desarrollo. En la medida de lo posible los textos rotaron de unas a otras, siendo el proceso de redacción bastante colectivo, aunque nos hubiera gustado que esto hubiera sido un proceso aún más compartido.

 

Fueron muy positivas para esta colectivización las reuniones diarias que hicimos para hacer balance de cada fase de trabajo y poner así en común reflexiones, dudas o propuestas. En todo momento hubo mucha ayuda de unas a otras. Además al ser un proyecto inmersivo, en el que se trabajaba y convivía en un mismo espacio, nos dejamos fluir y se entremezclaron momentos de trabajo y de descanso, donde seguíamos elaborando el texto de otra manera.

Los porqué de cada una de las palabras clave o principios que configuran el decálogo los encontrarás en el desarrollo de cada capítulo. El planteamiento de cada uno de ellos intenta plantear aspectos positivos y negativos, enfoques críticos que hagan visible los deseos y problemáticas implícitas en ellos. Unas ideas se complementan con otras por lo que hay que leerlas en su conjunto y tener en cuenta todas las manos que las han elaborado.


La lectora no debería olvidar que este texto es una propuesta de código abierto dispuesta a ser revisada, modificada y reescrita. Nos encantaría que vuestras aportaciones, reflexiones y comentarios sirvieran para hacer evolucionar el proceso de investigación y reflexión conjunta que hemos iniciado.

Os invitamos a hacerlo a través de la web 10penkult.cc donde encontrarás instrucciones y ayuda sobre como continuar escribiendo este libro entre todas.



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