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Decálogo de prácticas culturales de código abierto

4. Mediaciones. Dispositivos culturales para el encuentro



Desactivar el pánico del umbral

 

Hay algunas instituciones culturales públicas que están en sótanos. Antes de entrar hay que atravesar unas escaleras y un umbral medio sombrío. Muchas potenciales usuarias se dieron la vuelta ahí, nunca entraron al espacio, nunca lo usaron. Pero la mayoría se asomaron hacia adentro, y una mediadora cultural activó un dispositivo de hospitalidad y aliento, una suerte de colchón sobre el que aterrizar, un quitamiedos para atravesar ese umbral; además, escuchó sus ideas, interpretó sus propuestas, y trató de aplicarlas en otras conversaciones. Hay espacios que requieren de dispositivos de este tipo para acercar su actividad a los lenguajes de llegada de sus visitantes (potenciales usuarias) –más aún si son instituciones públicas-, y para ello tienen que 1) saber traducir, y 2) valorar la traducción. Las mediaciones culturales se encargan de desactivar el pánico del umbral.



La burbuja de la mediación


Vivimos un momento de multiplicación de los departamentos de mediación en numerosas instituciones y corporaciones que ya no practican tanto la definición clásica de mediación cultural entendida como “inter-cultural” (en los términos de las trabajadoras sociales), sino una nueva acepción, más relacionada con los ámbitos de la información y, especialmente, la educación. Parece que hemos asumido que quien se acerca a un producto cultural, necesita de cierta ayuda para interpretarlo.


Los motivos de este auge no los tenemos claros, pero podría apuntarse, tentativamente, que quizás se deba a un gesto de inclusión institucional de las prácticas pedagógicas, o incluso a la reinterpretación del concepto de participación mismo, básico para decidir qué se debe ofrecer a un público ya no tan alejado de la producción de contenidos culturales.


Sea como fuere, en este marco se encuentran definiciones bien dispares de lo que se entiende en cada proyecto por “mediación cultural”, y por ello en estecapítulo se va a tratar de ofrecer una descripción –concreta, práctica y política- de lo que para nosotras es y/o debe ser la mediación cultural en el ámbito de las prácticas culturales de *código abrible1: un dispositivo para el encuentro. Así, elobjetivo último de estecapítuloes la puesta en valor de esta práctica, y su legitimación en el ecosistema cultural de lo común.


No obstante, cabe hacer aquí una aclaración: dadas las características de la mediación, podría afirmarse sin duda que se trata de una práctica que puede emerger en cualquier persona, y en cualquier momento de necesidad. Sin embargo, se considera que el “mediadoras somos todas” no es un grito demasiado operativo cuando lo que se intenta es relevar la importancia de la figura mediadora, y reclamar su rol como una clave en el mantenimiento efectivo de las redes de producción e intercambio cultural. Como se le ha escuchado a Margarita Padilla en numerosas ocasiones, "cuando todo vale, todo es nada". Así, y aunque todas podamos serlo, preferimos aquí considerar que son mediadoras quienes se definen como tales, y/o se identifican activamente con la práctica de la vinculación entre/con agentes.


Por otro lado, para hablar de las prácticas, es necesaria una pluralización del término ‘mediación’. Hablar de mediación cultural puede no servir demasiado si se entiende que se trata de una práctica de gestión de los encuentros: dado que cada encuentro tiene unas características fuertemente contingentes, parece más apropiado hablar de mediaciones culturales. Así lo haremos de ahora en adelante.


Esta multiplicidad nos hace sentir más cómodas para referirnos a un conjunto de prácticas no normalizables, por definición. Las mediaciones culturales jamás podrán ser una práctica desarrollada a partir de un manual cerrado y rígido, ya que la flexibilidad, la maleabilidad, la modularidad y la constante revisión son algunas de sus características esenciales.


Como primera ilustración, puede servir el ejemplo de las guías en los museos –sin duda aquí simplificado-. Cuando la experiencia de visitar un museo es dirigida por una persona (¡o un pinganillo!) que propone un recorrido, se gestionan las detenciones ante ciertas obras y se ofrecen narraciones cerradas acerca de lo visitado, el encuentro es dirigido. La institución selecciona la manera de mostrar los contenidos de una manera y no otras: dirige, a través del dispositivo de la guía, los encuentros entre la institución y sus visitantes. No tratamos de negar o abolir estas prácticas, simplemente no las consideramos prácticas culturales de código abrible. Sí lo sería, sin embargo, el caso de una institución que facilitara el acceso de nuevas narraciones, de itinerarios espontáneos, de reinterpretaciones de sus contenidos, e incluso de la problematización misma de sus espacios, propuestas expositivas, etc. Esto es, si se convirtiera en un espacio cultural común, co-gestionado por la comunidad. Quede claro, por tanto, que los ejercicios de mediación no se oponen a los de divulgación ni a los de educación. Simplemente tratan de completar el mapa de posibilidades, de engrosar las estrategias para el encuentro.



Estas mediaciones


Las mediaciones que aquí nos ocupan deben encargarse de la gestión de las relaciones en un modelo cultural (el de la cultura libre: radicalmente respetuoso ante el *nomadismo, la *promiscuidad, la dispersión, el error, y la ruidosa *poliglosia) que tiene que convivir con la propuesta hegemónica, tendente a no respetar lo múltiple, lo inacabado, ni lo sutil (o a apropiárselos para darles otros usos, previsiblemente espectaculares). La importancia del encuentro y la comprensión entre agentes viene dada por una necesidad de empoderamiento de cada agente en un contexto común, para conservar su singularidad al mismo tiempo que se conforma lo común. Este es el motivo por el que se defiende desde aquí una promiscuidad conectiva, un modelo de interacción cultural facilitado por dispositivos de mediación, que no desatiende las características, expectativas y necesidades concretas de cada agente, sino que las valora y potencia.


Para facilitar el empoderamiento de todas las agentes que co-construyen el común, la práctica mediadora ha de ser una de antipoder, necesariamente. Esto es: no puede gestionarse el vínculo sin vincularse una, no puede generarse encuentro sin practicarlo al mismo tiempo, y desde luego no puede compartirse el poder si pretende acapararse. Cuando se trata de construir un modelo cultural centrado en la generatividad, la replicabilidad y la sostenibilidad basada en la continua revisión del propio modelo, la dominación de una situación NO es una práctica operativa. Las mediaciones culturales que aquí defendemos no pueden ser prácticas de control, sino facilitadoras del descontrol, e incluso generadoras del mismo, eventualmente. Una mediación es una práctica que afecta y es afectada.


Lo anterior está muy relacionado con la actitud rupturista que a menudo deben asumir las mediaciones: si la comunidad encuentra zonas de confort, corre el riesgo de jerarquizarse y parcelarse. Es entonces cuando la mediadora cultural debe buscar encuentros con agentes externos que renueven la situación, a menudo de manera problemática (consideramos que la problematización es una riquísima fuente de producción de conocimiento). Para esto, es clave la autonomía de la mediadora: debe ser capaz de trabajar en y con la heterogeneidad, de incluir lenguajes extraños, de generar situaciones incómodas.


"La necesidad de apropiarnos del lenguaje tecnológico para aplicarlo a contextos de políticas radicales de género surge de la observación de los códigos sociales que nos cruzan en tanto que sistemas operativos universalizantes, y de la necesidad de poder abrir dichos códigos, poder ver cómo operan y deconstruirlos buscando ampliar las libertades y combinaciones posibles. Entendiendo las *Install Parties como instancias de intercambio y producción de conocimiento que escapan a las restricciones materiales y cognitivas que rigen las relaciones capitalistas, con esta actividad pretendemos generar un espacio dónde las personas participantes puedan reflexionar desde una perspectiva *queer sobre cuestiones como el sexo, el género y la sexualidad. Desde aquí adquirir las herramientas necesarias para pensar y usar, manipular, modificar su cuerpo y su deseo y desarrollar prácticas genérico-sexuales fuera del marco de la heterosexualidad obligatoria. Se trata de traer los discursos y políticas feministas y queer al mundo de la tecnología, del arte de acción y del hacktivismo, apropiándonos de su lenguaje y filosofía": así justifican Lucía Egaña y Miriam Solá una réplica de su actividad Install Party de conceptos: P2P degenerado2, organizada por el grupo de Género y Tecnología en Medialab-Prado para acercar todo un cuerpo terminológico a la comunidad de usuarios del medialab de Madrid. La propuesta de producir un espacio-tiempo de intercambio entre comunidades muy diferentes, haciendo uso de una metodología de encuentro como elemento traductor, es sin duda un ejemplo claro de esa gestión de la heterogeneidad que se proponen las mediaciones culturales de las que aquí hablamos.

 

Así pues, las mediaciones no son ejercicios de representación de un proyecto o institución (ojo: una mediadora NO es una representante), sino más bien todo lo contrario: son *dispositivos para el encuentro a partir de los cuales las agentes culturales se vinculan entre sí, hacen red, lubrican y sostienen sus producciones –tanto materiales como políticas o simbólicas-.


El grado de necesidad de las mediaciones puede oscilar: desde ser inexistente (no son necesarias, porque el encuentro comunitario en torno a un proyecto cultural se está produciendo, y no hay necesidad de activar el dispositivo), hasta ser fundamental (grado máximo de necesidad de mediar en la comunidad, porque la comunicación no está funcionando, o no se está logrando alcanzar una situación de sostenibilidad del proyecto y deben provocarse relaciones que lo sustenten.)


Además, las mediaciones varían en escala y materialidad: una presentación oral, o un gesto hospitalario pueden ser dispositivos mediadores, pero una infraestructura urbana también (por ejemplo, unas escaleras mecánicas que facilitan el acceso y la salida de un barrio a sus habitantes ).


Si las mediaciones culturales necesitan que aquí hagamos un reclamo político para su legitimación y visibilidad, es precisamente porque a menudo se ubican en el marco de aquello que se ha denominado "las economías reproductivas" en los movimientos feministas, y que apela a todo el conjunto de actividades económicas que permiten la sostenibilidad básica de una comunidad, pero que sin embargo por desempeñarse en un ámbito no-público, han sido feminizadas y consecuentemente invisibilizadas. Las mediadoras son cuidadoras comunitarias, procuradoras de vínculos, agentes de sostenibilidad; es por ello que desde aquí se solicita un reconocimiento sincero (también de) las mediadoras como agentes clave para el correcto mantenimiento y producción de prácticas culturales. Pedimos a las instituciones y proyectos culturales un gesto de honestidad y transparencia, un re-posicionamiento con respecto a las prácticas de lo que se ha llamado la economía reproductiva.





Ámbitos de trabajo

 

Cabe preguntarse por el ámbito de trabajo de las mediaciones. Pueden considerarse, a grandes trazos, dos espacios de aplicación que se manejarán discriminadamente, siempre atendiendo al grado de apertura, interpretación, catalización y/o conectividad que requiera un proyecto cultural:



1) Mediaciones dentro-fuera:

- Encuentros con el afuera, desde dentro. Un proyecto cultural puede requerir de un dispositivo traductor en su membrana más externa, que capilarice elexterior y ayude aentrar a agentes externos. Informar sobre el proyecto y acoger. Dispositivo de provisión hospitalaria de un proyecto, de inclusividad. El *infopoint en los *hackmeetings cumple esta función: la atención en el infopoint –colocado bien visible a la entrada del edificio donde se celebre- se entiende como una labor rotativa, y en el puesto mismo siempre hay material "de aterrizaje" (impresos, normas, listas de contactos, etc.) para que cualquiera pueda asumir el rol fácilmente. Además, este punto se define como “asamblea permanente de producción del hackmeeting”3

- Escucha activa: salir afuera. Es clave entender las mediaciones como los órganos de aprendizaje de un proyecto o institución cultural. No se puede aprender de un ecosistema mirándolo siempre desde un dentro: es fundamental construir y mantener dispositivos de escucha activa que se encarguen de aprender de otros espacios, de otras comunidades, de otros modelos culturales, para volver con ideas nuevas que testear en su propia estructura. Para que no se cierre la comunidad, para evitar (si se quiere) situaciones de endogamia, para proveer de conflictos a un proyecto (y no ser un mecanismo de autocomplacencia), las mediaciones son también dispositivos de encuentro con su afuera. En este sentido, la noción del aprendizaje de por vida se convierte en herramienta fundamental para mantener la escucha activa en un proyecto cultural. Por lo anterior, nos parece paradójico que algunas instituciones culturales estén identificando el departamento de mediación con el departamento educativo: si bien la mediadora puede asumir tareas de educación, su principal función es la de aprender, para, eso sí, convertirse en un canal de aprendizaje recíproco entre su proyecto y otros. Hay ejemplos muy interesantes en esta línea: el plan Grundtvig de la OAPEE4 propone la práctica del “jobshadowing” como un mecanismo de apertura basado en el aprendizaje resultante de un intercambio de personal entre proyectos.



2) Mediaciones dentro-dentro:

- Gestión de la distribución conectiva entre agentes: protocolos internos para el correcto funcionamiento de un equipo de mediación. Al tratarse a menudo de conexiones insospechadas, las mediadoras trabajan con un alto porcentaje de gestos intuitivos, y aplicaciones discursivas espontáneas. Para que esto funcione, lo ideal es definir previamente un protocolo (siempre actualizable) que sirva de hoja de ruta para la facilitación y generación de conexiones en relación a un proyecto cultural, así como para la *monitorización de las mismas y la documentación de los procesos conectivos y productivos.

- Mecanismos de autoregulación en un proyecto cultural. En ocasiones es necesario un ejercicio de automediación de la mediadora misma, en el que busque conectarse a sí misma con otras agentes, porque considera que dicha conexión puede ser productiva para el proyecto cultural con el que trabaja.



Protocolos para aplicar el comando mediación

 

A continuación se proponen algunas posibles competencias de las mediaciones en procesos culturales:

- Monitorización. Rastrear las conexiones entre agentes, darles seguimiento, estar pendiente de que dichas conexiones se efectúen de forma correcta, que simplemente se efectúen, o no.

- Mediación facilitadora. Asegurar el mantenimiento óptimo de las conexiones entre agentes en un sistema, en un dispositivo cultural. La facilitación atiende a la estructura, los modos de relación ya existentes, no los define a priori.

- Mediación generativa. Crear relaciones y sinergias "de la nada".

Proponer vínculos entre agentes no relacionadas previamente. Proyección/generación de *difracciones, de conexiones improbables, de alianzas insólitas. Esta competencia requiere de un grado máximo de autonomía por parte de la mediadora, en relación al proyecto cultural al que media.

- Archivo o "mediación en el tiempo": Archivar es guardar lo registrado para hacerlo revisitable. Así, a través del archivo podemos recuperar performatividades pasadas y ensamblar momentos separados en el tiempo -y en el espacio, claro-.




Mediando, que es gerundio


Una cuestión muy importante a destacar dentro de este apartado es que este libro es precisamente un intento de mediación cultural. Uno de los objetivos principales de esta publicación es conseguir hacer comprensibles una serie de prácticas, conceptos y casos de estudio que queremos visibilizar. Pero no sólo mostrarlos sino también dar las claves de acceso a las mismas y facilitar que sea replicado aquello que las lectoras encuentren de su interés. Nuestros esfuerzos por elaborar un glosario lo más completo posible o de 'contar' nuestras ideas de una manera sencilla van dirigidos a salir de la endogamia que caracteriza a cualquier ámbito de conocimiento determinado.


Lo que escribimos no va dirigido específicamente a trabajadoras culturales sino que aspira a ser leído por cualquier persona interesada en nuestra propuesta, por tanto sería mediación dentro /fuera. Con respecto a la mediación en las relaciones entre las diferentes agentes culturales, mediación "entre", también es nuestros deseo aportar algunas clave de reflexión y diálogo para que se vean favorecidas las relaciones a través del re-conocimiento, el respeto y la búsqueda de posibles colaboraciones. Entendemos, por tanto, que este documento es una herramienta para el diálogo y la mediación que lanzamos como una propuesta a revisar y que sin duda parte de necesidades compartidas.


Una de las principales necesidades a la hora de conseguir una mejora de nuestras relaciones (y condiciones) de trabajo es conseguir una mayor legitimación de nuestros modos de hacer dentro del contexto general de prácticas culturales. Si no son entendidas nuestras motivaciones, nuestras maneras de pensar o referentes culturales, no es posible una comunicación efectiva. La manera que más ha sido utilizada históricamente para adquirir un mayor grado de legitimación es hacer el esfuerzo de poner algunas cosas por escrito.


Por eso aquí incluímos la mediación con cuerpo propio, escapando a la invisibilidad e inconsistencia a la que es sometida, por quizá andar entre, diluida y penetrante.


Además, su presencia se va perfilando desde que empezamos a rastrear las palabras clave a través de una convocatoria abierta para conocer otras opiniones y comenzamos a detectar la aparición de un gran número de términos que se relacionaban con el concepto de mediación cultural. De manera que consideramos era necesario configurar un capítulo dedicado a los procesos de mediación y destacar así la importancia que tiene para nosotras y nuestra comunidad.

 

 

 

RECETA PARA LA MEDIACIÓN: Pollo al horno con cerveza, limón y romero

4 pollos troceados

4 limones

1 litro de cerveza

Romero

Pimienta negra

Sal

Aceite de oliva

Untamos la bandeja del horno con aceite y colocamos los trozos de pollo con la piel hacia arriba. Echamos sal y pimienta negra. Espolvoreamos con romero (fresco de preferencia). Exprimimos 2 limones por encima y añadimos un tercio del litro de cerveza. Introducimos al horno a 220 grados. Al cabo de 30 minutos, abrimos el horno y añadimos otro limón exprimido y, si es necesario, más cerveza. ¡Atención! el plato al final es seco, el pollo tiene que quedar dorado y crujiente.





1 Preferimos utilizar el término abrible, porque nos estamos refiriendo a prácticas culturales cuyo código podría ser cerrado o abierto, no siendo necesariamente ninguna de ellas una situación preferente de partida.

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